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Estudio demuestra que las dietas en realidad engordan

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¿Cuántas veces no hemos sido víctimas de la dieta de la manzana, de la piña, de la lechuga, de los quesos, de la luna, la de para bajar 10 kilos, entre otras? Podemos seguirlas rigurosamente durante un par de semanas, lograr bajar unos cuantos kilitos… sin embargo, eventualmente las dejamos y ¡pum! Volvemos a subir. Sí, el famoso “rebote”.

De acuerdo con un artículo en The Guardian, la mejor manera de combatir la obesidad es consumir comida real, la que proporciona el planeta, no comida falsa que es brindada por las fábricas. Así de simple.

Desde 1980, el índice de obesidad ha ido en aumento a nivel mundial. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 1 400 millones de adultos viven en condición de sobrepeso; mientras que 200 millones de hombres y 300 millones de mujeres, son obesos.

Varios investigadores han tratado de encontrar las verdaderas razones de esta epidemia metabólica: el sedentarismo, una dieta alta en calorías vacías, horarios y proporciones inestables de los alimentos, etcétera. Pero, ¿por qué los niveles de esta epidemia han aumentado en los últimos años?

Un estudio en The Lancet explica que se debe a un cambio en el asesoramiento de nuestra dieta. Más específicamente: dimos una vuelta en U, donde partimos de comida con altos niveles de harina y sacarina a alimentos amiláceos. A donde volteemos a ver, las dietas más comunes están con base en azúcares, panes, pasteles, pasta, arroz, papas, cereales, yogurts de sabor y refrescos.

Dado que nuestro asesoramiento dietético está mal, también nuestra orientación para perder peso. Se sabe que el déficit de calorías conlleva a una pérdida de peso a corto tiempo, seguido de un rebote casi inmediatamente (y hasta se gana más peso). Por lo que las dietas usadas para adelgazar o perder peso, no funcionan realmente. Cualquier persona que haya intentado comer menos, lo habrá vivido.

 El problema se presenta cuando las mujeres empiezan a comer menos desde edades tan tempranas: no adquieren los nutrientes necesarios para su desarrollo y tienden a pesar eventualmente mucho más. Esto se debe a que las dietas (y los desórdenes alimenticios) conllevan a engordar: “La pérdida muscular a través de dietas bajas en calorías es difícil de recuperar y contribuye a un metabolismo torpe, a tener más hambre y ganar peso.”

Por ello es importante enseñarles a los jóvenes a diferenciar entre la comida brindada por la naturaleza y aquella basada en químicos y productos artificiales. Si comer balanceadamente genera una vida más saludable, imagínate lo que sucedería si consumieras productos naturales: carne, pescado, huevos, mantequilla real, leche, vegetales, granos, frutas, entre otros. No sólo serás una persona sana, sino también te sentirás lleno de energía y alegría. Eventualmente, tu cuerpo te pedirá mantener esa dieta nutritiva. 

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