Educación, Karla Lara

El primer día de escuela…

  • Esto de cambiar no siempre es fácil, pero podemos hacérnoslo fácil, vamos observando mas de cerca a nuestros hijos, vamos aprendiendo tanto bueno que tienen para enseñar.

primer día de escuela

Esta mañana y desde el fin de semana leo en las redes sociales los sentimientos y las emociones que comparten muchas mamás y papás porque ya ha sido o será el primer día de clases para muchos niños en este ciclo escolar, y/o porque muchos de sus pequeños (y no tan pequeños) están por vivir su “primera vez” en algo: nueva escuela, primaria, secundaria, preparatoria, nuevos amigos, uniformes, pedagogías, maestros, etc…, y esas emociones vienen acompañadas con fotografías y comentarios que le dan al momento un realce particular. 

Esto me ha hecho reflexionar sobre los incontables eventos que suceden en nuestra vida cotidiana y que inevitablemente hacemos por “primera vez”. De hecho, el fin de semana hablaba con mi mamá  y ella al confirmar que mi mayor se iría a su primer día de escuela primaria, me comentó: “ojalá pueda dormir, por la emoción de que es la primera vez”…, luego me quedé pensando ¿En qué momento integramos a nuestra vida ese concepto de primera vez y de manera irremediable sentimos y volvemos a sentir desde mariposas en la panza, hasta esa ansiedad real antes de vivir algo por “primera vez”?

Es verdad que los cambios no siempre resultan sencillos, que algunas veces los esperamos con alegría y otras no queremos que sucedan, que todo cambio lleva ajustes y que en esa transformación puede existir la alegría o la tristeza, pero también es verdad que los cambios son inevitables porque la vida misma no es permanente y necesariamente nos alcanza el cambio, ¿Porqué entonces nos marca tanto y necesitamos resaltarlo de una manera u otra?. Yo no digo que no demos importancia a los cambios, lo que digo es que los cambios suceden todo el tiempo y que sería muy benéfico aprender a vivirlos ligeros y sin apegos. No es ninguna novedad que los apegos de cualquier tipo nos limitan, que no nos dejan avanzar o que simplemente nos detienen en el trayecto, yo siempre he creído que los niños son grandes maestros en el arte de vivir y si observamos de cerca hay mucho que aprender. En realidad, para los niños el cambio o la primera vez en algo sucede todo el tiempo, viven una etapa de crecimiento y desarrollo imparable que dura años seguidos e ininterrumpidos, para ellos la “primera vez” es a veces muchas veces en poco tiempo, así ellos transitan por ese aprendizaje con una increíble capacidad de adaptarse, de ser flexibles, de aceptar, de vivir en el hoy y en el ahora y no se cuestionan lo que sigue. Me parece que resultaría muy interesante aprender esa inteligencia emocional de ellos, recuperar nuestra capacidad de resiliencia y fluir con todas las primeras veces sin que ello nos cause nervios, o dolor de estómago o ansiedad.

Somos nosotros los adultos los que enseñamos a los niños a sentirse expectantes ante ciertas primeras veces, les enseñamos que “la primera vez en todo es la difícil” porque eso aprendimos nosotros…, y ellos van integrando a su vida (por nuestra causa), la ansiedad, la frustración, el enojo o la decepción ante ciertas situaciones que van a vivir, claro que esto no les sucede a todos los niños, pero algunos lo absorben de sus padres como una emoción espejo y honestamente, no les aporta nada, porque ellos, los niños, tienen esta manera natural de ver los cambios como parte de su vida, se adaptan, se acostumbran, sueltan, aceptan, fluyen, fluyen con todo, y viven sus cambios de manera orgánica, cuando les toca, sin estar analizando demasiado cada uno de ellos.

Yo soy mamá de 4 y cada vez que un cambio sucede en nuestras vidas me genera alguna emoción que a veces me distrae del propio momento por vivir. Lo que yo quiero implementar para mi y para mis hijos es tratar de vivir esos cambios, esas próximas primeras veces aceptando que cada cosa y cada evento en nuestras vidas “es lo que es”, intentar al menos ver cada cosa con perspectiva y no profundizar demasiado en lo que implica cada cambio, me encantaría poder integrar las transformaciones dolorosas o no con mayor facilidad en mi día a día, me parece que aceptar esa impermanencia de la vida nos puede llevar a vivir mas agradecidos con lo que si tenemos, con lo que si es, con lo que hay, sin lamentarnos tanto de lo que sigue o de lo que fue…, porque la verdad es que cada primera vez que hacemos, decimos, pensamos o creamos algo, todo es importante, tan importante como la primera vez que lo dejamos de hacer, de sentir, de pensar, etc., cada cosa que nos sucede nos transforma, claro que la atención que ponemos en cada evento es absolutamente una elección personal, pero dar por hecho que cada cosa que vivimos de manera cotidiana es algo especial, puede regalarnos una sensación de plenitud, de felicidad y no esperar que solo los “grandes” cambios o las primeras veces en algo sea lo que cambia nuestra vida y nuestra persona.

Finalmente, mi hijo durmió y ha dormido perfecto estas noches en las que cada día de esta semana ha experimentado él y nosotros como familia varias primeras veces y muchos cambios: escuela, grado, talla, horario, rutina, maestras, amigos, etc., todo ello lo ha vivido en paz y en calma con una aceptación que tiene toda mi atención. Ante esta actitud no tengo menos que aprenderle (una vez mas), muchas cosas: y la primera de ellas es vivir en el hoy y en el ahora con consciencia, con amor y alegría, decidiendo que todo lo que vivo es especial y dando gracias en el gozo de las cosas ordinarias que nos suceden por “primera vez”.

Esto de cambiar no siempre es fácil, pero podemos hacérnoslo fácil, vamos observando mas de cerca a nuestros hijos, vamos aprendiendo tanto bueno que tienen para enseñar.

Karla Lara

@KarlaDoula

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