Crianza, Familia

Errores frecuentes en la crianza de los hijos

  • Las grandes expectativas de los padres impuestas en las expectativas de los niños. Es importante escuchar más y realmente a los niños; es decir, conocer sus gustos, habilidades y así poderlos apoyar en sus sueños.

crianza de los hijos

¿Sabes si cometes errores al criar a tus hijos?, te compartimos estos errores frecuentes en la crianza de los hijos…

Seamos sinceros, la crianza no es un menester sencillo. Nadie nos enseña a ser padres, salvo nuestros propios padres –a quienes consideramos víctimas de una educación de antaño–. Por tanto, vamos por la vida con el temor de equivocarnos a la hora de cuidar a nuestros propios hijos: ¿cómo evitar los errores que nuestros padres cometieron con nosotros?

De acuerdo con numerosos estudios psicológicos, una crianza con apego seguro no requiere más que el 30 por ciento de “aciertos” en que el padre decodifique y satisfaga congruente y predeciblemente las necesidades del bebé; mientras que el 70 por ciento restante de errores, se pueda reparar la imperfección para aprender de la misma. Esto permitirá que el bebé asocie una sensación positiva –emociones placenteras– con la presencia de un otro, permitiéndole saber “que su figura de apego es accesible y sensible a sus demandas, [dándoles] un fuerte y penetrante sentimiento de seguridad, y la alimenta a valorar y continuar la relación” (John Bowlby).

Para reducir la incidencia de una crianza con apego inseguro, te compartimos cuáles son los errores más comunes que todo padre ha llegado a cometer alguna vez:

No predicar con el ejemplo. Para que los niños cuenten con buenos modelos a seguir, es indispensable seguir las reglas, límites y buenos hábitos que se les imponen. Los niños observan todo y desde muy temprano se dan cuenta que los padres no siempre tienen la razón ni son congruentes con lo que piden; por lo que, si como adultos no saben comportarse, ¿por qué ellos sí tienen que hacerlo?

Mentir. No podemos pedir honestidad, si nos pasamos un semáforo; exigir limpieza, si tiramos basura en la calle; esperar que lean, si nunca nos ven haciéndolo; pedir que sean excelentes estudiantes, si nosotros no seguimos aprendiendo. Sumado a todo esto, predicar con el ejemplo también te hará una mejor persona.

La alimentación como un campo de batalla. La hora de la comida es un momento en donde pueden surgir gritos, amenazas y chantajes. Se trata de una guerra en la que ambas partes pueden perder pues los chicos se niegan a comer para demostrar su autonomía. Es mejor permitirle comer sólo lo que satisfaga su apetito –dejando fuera de su alcance golosinas y alimentos procesados.

Chantajear. “Si no comes, no hay postre”. Estamos enseñando a valorar más los dulces que las verduras o la carne. Mejor elimina las golosinas procesadas y en su lugar ofrecer sólo postres saludables como fruta o yogurt.

“La cocina no es un lugar para ti”. La cocina no es un lugar seguro cuando no hay un adulto responsable que se encargue de supervisarlos. Recuerda que los niños más involucrados en la preparación de sus alimentos tienden a tener una dieta más saludable que aquellos que no lo hacen.

“Ponte a leer” mientras que uno nunca lo hace. El hábito de la lectura se obtiene por imitación, así que no es de sorprenderse que un niño no lea si su padre o madre nunca abre un libro. El consejo es leer en familia al menos 20 minutos al día.

Sobre el sexo, “eso no se hace”. Es un tema no apto para las inocentes cabezas de los niños. Sin embargo, ellos experimentan sensaciones, observan y se autoexploran; tienen dudas que esperan que los adultos las resuelvan. Y lo peor que se puede hacer es evadir sus preguntas. Por lo que, al responder de manera clara, sincera y directa puede brindar una salud sexual libre de coerción, vergüenza y abusos. No está de sobra que se busque información y libros de sexualidad dirigidos al público infantil.

Ponerlos a ver la televisión para entretenerlos. El máximo que se debe permitir a los niños es de una a dos horas de televisión al día. Recuerda que jugar, pintar y leer también son actividades que ayudan al entretenimiento.

“Porque lo digo yo”. Fijar reglas estrictas no permiten la libertad de elección. Los niños merecen recibir razones y explicaciones de por qué se les imponen límites. De otro modo, se corre el riesgo de criar personas que no aprenden a pensar por sí mismas, a ser sumisos o rebeldes ante el autoritarismo.

“Bueno, sólo por esta vez”. Este tipo de crianza no fija límites ni reglas. El balance entre el permisivo y el autoritarismo puede resultar ser la solución. Los límites demócratas brindan una estructura y seguridad. Los papás demócratas ayudan a valerse por sí mismos, a tomar decisiones y a descubrir las consecuencias de sus acciones. También fijan límites explicando el por qué de las reglas, asegurándose de que se cumplan de una manera amorosa y sin dudar en alabar un buen comportamiento.

“No tengo tiempo para jugar”. Si bien las responsabilidades laborales exigen mucho, no pueden anteponerse a la convivencia con los niños. Si el trabajo exige demasiado, llamarlos por teléfono durante el día; dedica sábados y domingos a tu familia, etcétera.

“Deja ahí, mejor yo lo hago”. Así como los límites, las responsabilidades son necesarias. Las obligaciones en función de su edad, como recoger los juguetes, mantener ordenada la recámara o pasear al perro, desarrollan un sentido de responsabilidad y seguridad en sí mismos.

Las grandes expectativas de los padres impuestas en las expectativas de los niños. Es importante escuchar más y realmente a los niños; es decir, conocer sus gustos, habilidades y así poderlos apoyar en sus sueños.

Artículo AnteriorPróximo Artículo
ESCRIBE UN COMENTARIO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Alojado en Next.LA