Educación, Familia

El poder de hablar con tu bebé…

  • Hablarles a los bebés y a los niños desde muy temprana edad puede tener una influencia directa en su nivel y forma de aprendizaje en general, esta nota detalla la razón detrás de la investigación.

hablar con tu bebé

Aunque para muchos padres hablar con sus hijos desde que nacen es algo natural y prácticamente instintivo, hay muchos que lamentablemente no lo hacen. Aquellos bebés a los que no se les habla desde una edad muy temprana tienden a no tener la misma preparación para aprender cuando llegan al prescolar. El problema es que no hablar con los niños parece estar directamente relacionado con el estatus social de la familia; padres pobres que dependen de ayuda del gobierno tienden a hablar mucho menos con sus hijos, mientras que la clase media habla más con ellos y profesionistas educados aún más, esto se refleja en el número de palabras escuchadas, habladas y conocidas de manera que un niño de una familia de bajos recursos habrá escuchado treinta millones menos palabras que un niño de clase media al llegar al preescolar, consecuentemente los niños son perjudicados al no desarrollar habilidades cognitivas al mismo paso.

Un estudio de 1995 conducido por Betty Hart y Todd R. Risely de la Universidad de Kansas en Estados Unidos, investigó la relación entre el estatus socioeconómico de una familia se reflejaba en cómo hablaban con sus bebés (de cero a tres años de edad). Cada mes los investigadores visitaban a 42 familias y grababan una hora de conversación entre padres e hijos, tomaban en cuenta de qué hablaban, cuantos cumplidos les hacían y si el tono conversacional era positivo o negativo. Después esperaban hasta que los niños tuvieran 9 años y estudiaban cómo les iba en la escuela. En el ínterin examinaron y transcribieron cada palabra de las grabaciones, un procedimiento que tomó 6 años. Risley dijo al respecto “No fue hasta que terminamos de recolectar la data que nos percatamos que la variable más importante era cuanto hablaban los padres”.

Los resultados reflejaban que todos los padres les daban indicaciones como “¡no te metas eso en la boca!” o “guarda tus juguetes”, pero la interacción en el caso de los padres que dependían de ayuda del gobierno generalmente paraba ahí, mientras que al incrementar el ingreso y el nivel educativo, ese tipo de interacción indicaba tan solo el comienzo de una conversación.

La disparidad era impresionante: niños en familias de bajo recursos escuchaban 600 palabras por hora, niños de clase media escuchaban 1,200 palabras por hora y niños de familias profesionistas 2,100.  Al llegar a los tres años, un niño de una familia de bajos recursos habría escuchado en promedio 30 millones menos palabras que un niño de una familia profesionista. La importancia de lo último es que el número de palabras escuchadas por un niño se refleja directamente en su coeficiente intelectual y su desempeño escolar. Horas viendo la televisión eran más prejudiciales aún.

Adicionalmente Hart y Risely argumentan que el nivel del desarrollo de lenguaje comienza a nivelarse cuando alcanza al de sus padres, de manera que un impedimento de habla se hereda de generación. El estudio también reveló que los padres tendían a hablar mucho más con hijas que con hijos (quizás porque las niñas son más sociables, o porque el padre que generalmente cuida de los hijos es la madre y esta se siente más cómoda hablando con una hija). Esto podría explicar porque niños jóvenes de familias pobres tienden a tener más problemas en la escuela.

El significado de los resultados es que exponen que la brecha educativa que separa a las clases sociales y que se refleja explícitamente en el rezago de las clases bajas a nivel educativo (bajas calificaciones y deserción escolar) podría eliminarse si a los padres y cuidadores se les capacitara para que pasaran más tiempo conversando con sus hijos, de manera que si todos hablaran el mismo tiempo con sus hijos no habría una brecha educativa entre clases sociales.

Mientras que el factor del habla puede realmente reflejarse en el desarrollo educacional e intelectual de un niño, quizá es sólo un factor de una situación más grande y general. A pesar de que el estudio determinó que mientras más limitados son los recursos educativos y económicos, menos se le habla a un niño, este no determinó la razón subyacente. Meredith Rowe profesora asistente de la Universidad de Maryland, sin embargo, piensa que tiene que ver con la formación de los padres, generalmente una madre pobre adquiere consejos de sus amigas y familiares que pueden no estar al corriente con las nuevas técnicas de crianza, por lo que simplemente no saben que es importante hablar con sus bebés. Hablar con un bebé entonces se ha vuelto una parte característica de las clases medias y profesionistas.

Otro acercamiento a la diferencia de habla entre clases sociales ha sido tomado por el Instituto LENA, quienes han desarrollado una tecnología que estudia impedimentos del habla y su tratamiento. El instituto creó un aparato que graba hasta 16 horas de conversación y tiene un software que automáticamente cuenta el número de palabras, este va escondido en una bolsa especial en la ropa de los niños, y se vuelve imperceptible. El aparato se usa ya en 200 universidades y hospitales para seguir el desarrollo de niños con autismo, niños sordos y niños que se desarrollan sin impedimentos.

La importancia del aparato es que parece incentivar a familias que no estaban acostumbradas a hablar con sus hijos; de 120 familias que siguió el investigador Gilkerson del Instituto LENA, 27 empezaron por debajo del promedio, y una vez que empezaron a recibir los reportes del número de palabras intercambiadas, después de tan sólo 10 semanas incrementaron las palabras habladas de 8,000 a 13,000 al día.

La imagen general que nos presentan todas las investigación que siguen el desarrollo de un bebé en relación al número de palabras intercambiadas entre padres e hijos reflejan una situación un tanto obvia, un padre educará a su hijo de acuerdo a sus valores y a la información que tenga a su alcance (o la falta de ella). A pesar de que los estudios siguen la relación entre el habla y desarrollo realmente siguen la interacción entre padres e hijos, la estimulación adecuada se ve reflejada en la adaptabilidad de un infante en una ambiente educacional. El hecho es que los padres tienen el control de potencializar el crecimiento de sus hijos y lo único que deben hacer es brindarles toda la atención posible. Los estudios tienen un acercamiento un tanto elitista y las generalizaciones no pueden representar todos los casos ni las situaciones de cada familia. Cada familia se adapta a lo que tiene y sabe, pero tomando esto en cuenta hay que esforzarnos por eliminar la brecha que divide a las clases sociales, y para hacerlo debemos pensar en cómo potencializar las mentes de nuestros pequeños: simplemente queriéndolos, hablándoles y dándoles toda la confianza que necesitan. 

[New York Times]

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