Karla Lara

Del amor, los ritmos y otras hierbas…

  • Muchas son las definiciones de partera, pero en general podemos referirnos a la mujer que trabaja conjuntamente con otras mujeres, para ofrecer su apoyo, cuidado, atención, consejo y compañía a otras mujeres durante su embarazo, sus partos, período de post-parto y otras situaciones propias de la maternidad.

Parto
parto

Y cada vez que un bebé llega lo recibo con todo mi amor; mi esperanza se renueva con cada uno de ellos… trabajo por un mundo mejor

–Una partera

Nacemos y vivimos con ritmo, nuestro cuerpo desde su concepción está acompasado en su ser, cada mujer tiene sus propios ciclos vitales para gestar vida, las mareas, las estaciones, la luna, el día y la noche tienen ritmo, nuestro corazón y nuestra respiración tienen ritmo y nuestro desarrollo como personas, igual que cualquier otro ser vivo sigue un ciclo. Si observamos e interpretamos esos ciclos podríamos afirmar que el universo tiene orquestada perfectamente la vida que contiene.

La vida entonces es armonía, pulsos que requieren mantener su equilibrio para permanecer, para ser, para estar. Dentro de los seres vivos, los humanos hemos sido dotados con la inteligencia denominada “superior” por ser más elevada y sofisticada que la de otros animales, pero también, como mamíferos que somos, tenemos un instinto de preservación, algo que vibra dentro de nosotros y que es invisible a nuestra fisiología, a la ciencia de la anatomía humana, pero que existe y pulsa desde que nacemos. Esa vibra, ese latido es nuestra armonía, a veces tangible porque tenemos una “corazonada” que nos conecta mente, cuerpo y espíritu para hacer o no hacer, un recuerdo primitivo inesperado que llega a nuestra memoria para indicarnos “algo”, o la sensación de haber vivido un evento con anterioridad (deja vú), muchas son las representaciones de ese don de vida por encima de la inteligencia y de esa pulsación que rige la vida de muchas personas que se dedican a cuidar la vida de otros y entre esas personas están la parteras (matronas, comadronas, etc.), mujeres de sabiduría originaria, tradicional, que han aprendido sus habilidades observando la vida y sus pulsos y que dedican su propio tiempo para cuidar y acompañar a otras mujeres en sus ciclos vitales.

En este tiempo de avances tecnológicos donde empezamos creer que todas las respuestas están al alcance de un “click” en nuestro dispositivo móvil, siguen existiendo a nuestro alrededor prácticas milenarias, tan antiguas como el ser humano, que han evolucionado en su aprendizaje pues se han nutrido a través de las culturas, de las lenguas, de las distintas cosmovisiones que las generaron a través de los años y una de ellas es: la partería.

Muchas son las definiciones de partera, pero en general podemos referirnos a la mujer que trabaja conjuntamente con otras mujeres, para ofrecer su apoyo, cuidado, atención, consejo y compañía a otras mujeres durante su embarazo, sus partos, período de post-parto, abortos, lactancia, cuidados del recién nacido, planificación familiar, es decir; alrededor de la salud sexual y reproductiva de la mujer. Mujeres que de manera tradicional han aprendido su profesión y que, “certificadas” o no en un sistema oficial académico, poseen el conocimiento ancestral de observar, cuidar, atender y respetar los ritmos de las mujeres, sus cuerpos, sus emociones y sus necesidades.

Mujeres alrededor del mundo son parteras, muchas de ellas iniciadas en la partería sin buscarlo, por necesidad, la necesidad apremiante de cuidar de otro ser humano que no tiene opciones, con barreras de lenguaje, educación, recursos, distancias, edad o bien; porque sus costumbres, ideología o religión así lo requieren. Otras tantas mujeres por vocación, por acudir a un llamado del corazón, porque una vez que sueñan, observan, viven, cuidan o atienden un parto, saben que eso es lo que quieren hacer de por vida.

Las parteras en su historia, han sufrido también: han sido violentadas, discriminadas, poco o nada reconocidas, negadas, rebajadas, destituidas, desprestigiadas, porque no hace muchos años la figura de la partera era el único recurso natural, esencial y necesario para atender a una mujer en el parto y a pesar de haber perdido históricamente su valor y de haber pasado muchas veces de ser “sabias y sanadoras” a ser “brujas o ignorantes”, las parteras permanecen en hermandad femenina dispuestas y de pie para cuidar de los ritmos vitales de las mujeres, con su experiencia, sus hierbas, sus masajes, sus rituales, sus costumbres y sus creencias.

La Organización Mundial de la Salud reconoce la función y la aportación de la partera tradicional para evitar complicaciones en partos hospitalarios, para mantener bajos índices de morbi-mortalidad materno infantil, tiene documentos y declaraciones en las que promueve su formación y capacitación y las considera una solución para alcanzar el más amplio objetivo de garantizar a todas las mujeres y niños el acceso a una atención sanitaria.

Las parteras entre tanto, ejercen muchas de manera independiente y no se trata de provocar un debate sobre su existencia y su ejercicio legal, o de su comparación con otros profesionales de la salud, porque en la atención y cuidados de la mujer y el niño: médicos, enfermeras, parteras, doulas, educadores perinatales, etc., todos tenemos el mismo objetivo: “cuidar”; se trata en cambio de reconocer su existencia y asistencia dedicadas, abnegadas, el sentimiento humanitario con el que trabajan, la entrega, la escucha activa, las manos sabias, los brazos abiertos, las palabras que dan respuesta a las necesidades culturales y espirituales de las mujeres. Se trata de reconocer que la partera es un recurso humano vital en la atención de miles de mujeres y niños en comunidades alrededor del mundo.

Recién iniciado diciembre, la Ciudad de México fue sede del “Primer Foro de Intercambio y Experiencias de Partería: una profesión milenaria”, organizado por la Asociación Mexicana de Partería con la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y Nacimiento (Reacalahupan), en el cual hubo expositoras nacionales e internacionales informando, apoyando, difundiendo y capacitando sobre la práctica de la partería en México, América Latina y el Caribe.  

Queda entonces reconocer la existencia de las parteras y agradecer su acompañamiento y cuidado a la mujer a través de los tiempos, porque es ella quien posee esas destrezas, habilidades y conocimientos milenarios que le han sido dados natural y tradicionalmente, reconocer que las parteras son mujeres dedicadas a cuidar de otras mujeres y que necesitan apoyo en su formación, en su práctica, porque son un enlace entre el corazón, la salud y la ciencia, porque la ciencia no es tecnología sino el aprendizaje y la enseñanza profunda de algo y la partería es del corazón, del amor, es una maternidad entre co-madres que comparten la vida cotidiana, las necesidades, las carencias, las tristezas, las alegrías, el trabajo, la espiritualidad y la belleza que rodea el nacimiento de un bebé y con esa entrega las parteras merecen un lugar también en nuestra cultura, en nuestra sociedad, porque contienen un legado de conocimientos ancestral que merece prevalecer y fortalecerse.

“El amor convierte cada cosa, cada ser, cada acto en una fibra sagrada que nos otorga la posibilidad de tejer un edén”. – Alejandro Jodowrosky

Fuentes:

https://www.facebook.com/asociacionmexicanaparteria

http://www.nuevelunas.org.mx/quienes.html

http://www.relacahupan.com.ar/

@KarlaDoula

 

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