Crianza, Familia

Crianza en brazos: portear al bebé

Crianza en brazos

Sea que cargues en brazos o lo lleves en porta bebé (fular, rebozo, sling, mochila ergonómica, etc.), lánzate a la aventura imperdible de criar en brazos, te decimos porqué…

Cargar al bebé o a los niños pequeños tiene muchos beneficios para ellos y para sus padres, porque son las emociones y los sentimientos positivos los que se mantienen presentes todo el tiempo que permanecemos juntos, llevar al bebé pegado al cuerpo nos da placer y le permite al bebé de manera natural regular su temperatura corporal, su ritmo de respiración y hasta su latido cardiaco.

En algunos textos se habla de la “fase de en brazos” o de la “exterogestación”, porque el ser humano es un mamífero que no nace listo para desplazarse y requiere terminar su capacidad de desplazamiento fuera del útero por un período promedio de entre 9 y 15 meses. Así, la fase de “en brazos” empieza en el nacimiento y dura hasta el inicio del arrastre, cuando el bebé puede alejarse de su cuidador por sus propios medios. Durante la fase de en brazos, el bebé de manera natural requiere tener contacto físico constante con otro ser humano.

Los cuerpos de los bebés son suaves, flexibles y se adaptan a casi cualquier posición, para un bebé estar cerca del cuerpo de su mamá es lo que le da confort y además permite que el bebé participe de las actividades que realiza la persona que lo portea y lo mantiene en un constante movimiento, expuesto a diferentes estímulos que hace que sus conexiones interneuronales maduren y se conecten entre ellas.

A pesar de lo anterior y de que el instinto de la madre o de un padre es atender el llanto de su bebé y cargarlo o consolarlo a través del contacto físico, desde muy pequeños se nos pretende enseñar que el bebé o el niño se puede “acostumbrar” a ser llevado en brazos o estar cercano a su mamá o a su papá, cuando en realidad esa es la necesidad principal del bebé pues depende absolutamente de nuestros cuidados y atención y así se espera que los niños sean independientes lo más pronto posible y se toma como algo normal que los padres no confíen o ignoren sus propios sentimientos, entonces resulta fácil convencernos para no creer en el bebé que llora diciendo: “¡Deberías tomarme en brazos!”, “¡Abrázame!”, “¡Yo tendría que estar cerca de ti!”, “¡No me dejes!”…

El bebé que es cargado participa pasivamente en los movimientos, paseos, risas, charlas, tareas y todo lo que hace el porteador. Las actividades particulares, el ritmo, las inflexiones del lenguaje, la variedad de vistas, noche y día, el rango de temperaturas y los sonidos de la vida en comunidad forman una base para la participación activa que empezará a los seis u ocho meses de vida con el arrastre, gateo y luego el caminar. Un bebé que ha pasado ese tiempo esencial acostado en una tranquila cuna o mirando el interior de una sillita o de una carreola, habrá perdido la mayor parte de esta experiencia tan vital. Un bebé puede absorber lo que es la vida, siendo vivida por ti y a través de ti cuando permanece contigo.

La experiencia de ser llevado en brazos permite al bebé una descarga del exceso de energía que tienen hasta que no son capaces de hacerlo por sí mismos. En los meses anteriores a ser capaces de moverse por sí mismos, los bebés acumulan energía por la absorción de comida y de luz solar. Es entonces cuando el bebé necesita contacto constante con el campo de energía de una persona activa que pueda descargar el exceso no usado de ambos, parece contrario, pero ¡Mientras más acción mejor!, un bebé repleto de energía no descargada pide movimiento.

El bebé llevado en brazos está cerca de sus padres, se siente seguro, protegido, amado, contenido, aprende de lo que ve, escucha, huele y experimenta, llevar en brazos o portear al bebé fomenta la lactancia materna, el vínculo de amor con el bebé y permite un conocimiento de las necesidades del bebé que se desarrolla instintivamente, pues el porteador aprende a observar los más mínimos cambios e identifica las necesidades del bebé para resolverlas adecuadamente.

En la civilización occidental la educación y la crianza van en sentido contrario a la naturaleza: los esfuerzos se centran en lograr que el bebé duerma, se consuele solo, un “buen” bebé es el que no llora o no demanda o demanda poco, el resultado de comportarnos contra nuestra naturaleza como especie conduce inevitablemente a la pérdida de bienestar y la crianza en brazos trata de minimizar o evitar ese daño y regresar la cercanía y el contacto con nuestros bebés, a proteger la ecología del nacimiento y el desarrollo humano. ¡Déjate llevar!

Si quieres encontrar cargadores para portear a tu bebé, visita: http://bit.ly/2atC9Dg

#ParteDeMiVida 

@LiverpoolMexico

Artículo AnteriorPróximo Artículo
ESCRIBE UN COMENTARIO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Alojado en Next.LA