Crianza, Educación, Familia, Ser Padres

Como mejorar la relación con tu hijo adolescente

  • La crianza no se resume en la infancia, sigue en la adolescencia pero sucede desde otro lugar: Estamos fascinadas por recibir a Ana María Aritzi quién como experta en adolescentes nos llevará de la mano para mejorar nuestras herramientas de formación y continuar una maternidad feliz en esta etapa.

¿Quieres tener una mejor relación con tu hijo?

Pareciera que el establecer una buena relación con tu adolescente depende del trabajo en equipo de tu hijo y tú. Por supuesto, pues ¡una relación es de dos vías! Sin embargo, hay una cuestión que hemos perdido de vista, y es que antes de trabajar en la relación con nuestros hijos hay algo que tenemos que hacer por nosotros mismos. Ahora te lo voy a decir, no comas ansias, pero antes quiero que respondas de manera sincera estas preguntas:

  1. ¿Ya te diste cuenta de que tus hijos están cada vez más grandes y por ello más cerca de dejar tu nido?
  2. ¿Cómo te sientes al respecto?
  3. ¿Te acuerdas cuánto esfuerzo dedicaste para que se convirtieran en seres independientes?
  4. Ahora la pregunta del millón: ¿Ya sabes qué vas a hacer con tu vida después de que ellos se vayan?

Si se te retorcieron las tripas al leer estas preguntas, o si las pudiste responder tranquilamente y con la mano en la cintura; queremos proponerte algo:

¿Qué tal si trabajamos con nuestras ideas, valores y creencias sobre lo que es ser padres?, ¿Qué tal si le dedicamos tiempo y amor a trabajar con nuestro sentido y proyecto de vida?

Es a esto a lo que me refiero cuando te digo que antes de trabajar en la relación que tienes con tus hijos debes de hacer algo por ti misma; que hacerlo o no, repercutirá directamente en el vínculo que haya entre ustedes. Déjame explicarte.

Muchas veces, nuestro proyecto de vida se convierte en casarnos, tener hijos, educarlos y trabajar para darles lo mejor. Y cuando se van (si es que dejamos que se vayan y no nos convertimos en un lastre para ellos), nos quedamos con una sensación de vacío muy fuerte, podemos caer en una terrible depresión y nos quedamos con mucho tiempo en el día y pocas cosas que hacer. Ya no tenemos que llevarlos a clases particulares, ya no vamos a la papelería, tampoco tenemos que cocinar para todos porque ahora somos menos; se escuchan voces que dicen “¡Mamá ya llegué!”, “¡Papá ya me voy!” (a veces lo único que escuchamos de ellos durante el día). No por falta de interés sino porque ahora ellos están ya inmersos en aquellas actividades que los acercarán a sus sueños. Quizá ahora están en la Universidad o están buscando un trabajo de becarios para abrirse camino en la vida y entonces, claro, no les da tiempo de ver a sus amigos a quienes, en consecuencia, tienen que dedicar el fin de semana. Prácticamente empiezas a sentir tu casa como un lugar en donde tus hijos llegan a dormir y se van muy temprano para continuar con sus actividades. La casa está cada vez más vacía, hay menos que hacer y menos con quién estar.

El silencio cada vez es más evidente. Ya no escuchas aquella música a todo volumen de la cual algún día te quejaste, tampoco ese programa de televisión que te desagradaba y no entendías el porqué les causaba risa. Las luces de la casa ya no están prendidas y desaparece en el tiempo aquella voz, tuya desde luego, diciendo de manera melodiosa (bueno, no tanto): “¡Niños, ¿cuántas veces tengo que decirles que apaguen la luz?!”

Quizás estés pensando: “De verdad que Ana es dramática…”,  Y si lo estás pensando es que aún no estás ahí, pero créeme: ese día llegará, es inminente. Ahora, calma, el objetivo de este artículo no es mandarte a la tienda a comprar pañuelos desechables, galletas de animalitos y 3 litros de helado para alimentar tu depresión, ¡Al contrario! La idea es sembrar en tu mente la semilla de una reflexión maravillosa para que cuando ese día llegue, estés preparada positivamente y dispuesto a aprovecharlo hasta las últimas consecuencias y hacer magia con esa etapa tan maravillosa de tu vida y de la vida de tus hijos.

De nuevo las preguntas:

¿Cuáles son tus gustos?, ¿Qué te apasiona en la vida?, ¿Qué te falta por hacer?, ¿Qué te falta por vivir?, ¿A qué te gustaría dedicarte?, ¿Qué es eso que siempre habías querido estudiar y que nunca habías podido por falta de tiempo?, ¿Hay algún trabajo que te gustaría experimentar?, ¿Cuáles son tus sueños? ¿Cuáles tus deseos?

¿Lo sabes?

Ahora que tus hijos están construyendo su vida como seres independientes, ¿Cuál será ese proyecto de vida que hará que te levantes todas las mañanas apasionada, llena de energía y que te haga sentir viva?

Un proyecto que no incluya ni a tu pareja, ni a tus hijos, ¿Qué sería eso que pudiera lograr que te levantaras de la crisis más fuerte? Incluso si tu pareja o tus hijos faltaran.

¿Lo estas pensando?… ¿Ya lo tienes?

Bueno, pues ese proyecto, ese sueño, esa idea, ¡Será la clave para que tú tengas una buena relación con tus hijos! Porque tendrás algo que compartir con ellos, porque no te convertirás en una carga o una preocupación, por el contrario, podrás compartir tanto con ellos que no te lo imaginas. Y ellos se sentirán plenos al verte plena.

Cuando hacemos eso, cuando nos miramos y llevamos a cabo los sueños que tenemos nos volvemos padres mucho más interesantes para nuestros hijos; ellos tienen algo que admirar, algo que compartir, un tema apasionante del cual pueden ser partícipes… en ese momento las casas vacías se van convirtiendo poco a poco en espacios a los que ansiamos llegar para compartir lo vivido, lo soñado, lo que nos mueve en la vida; podemos propiciar que la televisión no se prenda por las noches, porque las sobremesas se ponen demasiado interesantes, se abren espacios para la reflexión, para compartir con tus hijos lo que vives, a los retos que te enfrentas, a los logros, a las alegrías y también a las decepciones.

Es entonces una forma maravillosa de educarlos desde otro lugar, no desde el sermón ni desde el “deberías”, si no desde tu propia vivencia, desde tu ética para hacer las cosas, desde tu pasión y desde tu propia reflexión.

¿Ya tienes tu proyecto de vida?

Ana María Arizti

 

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