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Chuparse el dedo o el chupón… ¿si o no y cómo dejarlo?

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Cuando nos convertimos en padres solemos tener muchas dudas y recibimos consejos por todos lados. El tema de que el bebé o el niño pequeño se chupe el dedo o de que use chupón suele generar debate de porqué si permitirlo o de porqué no hacerlo…

Chuparse el dedo es una conducta habitual y fisiológica en los bebés y niños de corta edad; pero cuando este hábito se prolonga en el tiempo puede originar complicaciones, por lo que es necesario corregirlo. Recientemente se ha encontrado un lado positivo a la práctica de chuparse los dedos durante la infancia. A la par, las dudas surgen porque se nos ha dicho por generaciones que chuparse el dedo, succionar el chupón o chupete y tomar del biberón o de la mamila o tetero, pueden afectar el desarrollo del habla en la edad preescolar del niño si se llevan a cabo durante mucho tiempo o causar malformaciones dentales.

Ahora, los bebés nacen con el reflejo de succión y lo necesitan como dormir, es parte de su desarrollo, no es un mal hábito, es algo natural, los niños conocen mucho de su entorno a través de la boca. La lactancia por su parte hace que el bebé fortalezca todos los músculos maxilofaciales con lo cual tiene mejores posibilidades de lograr una buena pronunciación al momento de hablar, lo cual resulta en otro beneficio de la lactancia prolongada, es decir; mas allá de los 6 meses, sumado al beneficio del desarrollo de la respiración coordinada, el acto de tragar y la articulación del habla.

El lado positivo de chuparse el dedo resulta en que quienes lo hacen son menos propensos a sufrir alergias más adelante, a esto se le ha llamado la “hipótesis de la higiene”, que sostiene que la exposición temprana a ciertos gérmenes ayuda a fortalecer el sistema inmunológico. Y los mismos científicos advierten que sus hallazgos no son una razón para estimular su práctica.

“Aunque no recomendamos alentar este tipo de hábitos, estos parecen tener un lado positivo”, dijo el profesor Malcolm Sears, de la McMaster University, en Canadá, uno de los investigadores. Es verdad que la fuerza muscular empleada para chuparse el dedo puede llegar a modificar la forma de la boca y la posición de los dientes y los labios. Y un hábito prolongado puede propiciar una deformación en el paladar, trastornos al deglutir y callosidades en el dedo.

Si tu hijo todavía se chupa el dedo, es importante actuar antes de la aparición de la dentición definitiva, a los 6-7 años.

La actitud de los padres es muy importante y, ante todo, nunca se debe recriminar al niño en público ni ridiculizarlo para no minar su autoestima y en la medida de posible evitar a toda costa que terceros opinen sobre el tema delante del niño. Chuparse el dedo es un hábito que ha adquirido desde la etapa intrauterina. Para quitar el hábito no siempre es  suficiente decir repetidamente que no se chupe el dedo, ya que eso puede aumentar la ansiedad del niño.

Consejos útiles para ayudar a tu hijo a dejar de chuparse el dedo son:

  • Hablar con él con una explicación sencilla y que sea acorde a su edad. Hay que encontrar un momento que sea adecuado en el que el pequeño esté tranquilo. Las situaciones que suponen grandes cambios en la corta vida del niño, como dejar el pañal, entrar a la escuela o la llegada de un bebé, no son los más propicios.
  • Sistema de recompensas: se trata de dar premios o reconocimientos porque se fijan objetivos diarios o semanales, a corto plazo, la idea es que tu hijo se sienta orgulloso y satisfecho de alcanzar sus objetivos. Así se consigue cambiar la conducta y mejorar la autoestima, pero el reconocimiento debe ser sencillo: un sticker, una salida al parque…
  • Terapia de distracción: muchas veces los niños se chupan el dedo cuando están cansados o aburridos, por lo que encontrar maneras alternativas de que se distraiga y olvide por unos minutos su hábito, puede hacer que poco a poco desaparezca.
  • Terapia de la sustitución: si se chupa el dedo porque tiene sueño o porque le cuesta conciliarlo, se puede introducir la figura de un muñeco o peluche que le acompañe y sea su nuevo compañero de juegos.
  • Los métodos clásicos caseros, como poner sustancias amargas en el dedo, cintas, guantes, etcétera, pueden utilizarse si el niño está de acuerdo. En la mayoría de los casos, sin embargo, lo interpretarán como un castigo porque es una práctica invasiva y agresiva,  lo que aumentará su miedo y reforzará su conducta (incluso chupándose el dedo de la otra mano).

Cuando el problema persiste más allá de los 5 años es recomendable consultar con el pediatra o con el psicólogo infantil. Un odontopediatra también puede apoyar.

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