El Librero de Mamá Natural

CARTA A MI PADRE (Buscar a mamá en un libro)

  • Un relato del corazón, de un hombre antes niño, en la ausencia-distancia de mamá, suplida desde el amor de papá… ¿Cuántos padres que también hacen de madre al cuidar, al criar? para ustedes papás…

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Ahora te abrazo como un día tú lo hiciste conmigo, recuerdo tu cuerpo firme con el que me abrigaste en aquellos momentos, tus brazos enredados como pérgolas en mi cuello y tu pecho cobijando mi cabeza, apretándome en cada sollozo que exhalaba por la ausencia de mi madre, -tu esposa-. Si me hubiera imaginado el dolor por el que tú también estabas pasando, entonces, yo te hubiera abrazado más fuerte; pero el destino nos tomó por sorpresa: tú de treinta y cinco  años y yo de diez. De un día a otro pasamos de ser tres a solo dos, -tú y yo-, sin anuncio previo, sin prepararnos para el desapego. De la noche a la mañana dejaste de ser solo padre para convertirte también en madre, el cambio fue caótico, como el antes y el después de un terremoto.

La amabilidad de nuestra relación se convirtió en un perenne discutir y pelear; pero después el tiempo nos ayudó a aceptarnos, a reconciliarnos, como se reconcilia el hombre con la naturaleza después de una tormenta.

Hoy que te tengo en mis brazos, te puedo yo leer como cuando tú me leías de pequeño, dando vueltas y vueltas en un sillón giratorio; ahora, soy yo el que te doy vueltas, en ese mismo espacio.

El recuerdo de nuestras visitas a la librería sigue presente en los rincones más secretos de mi mente; nuestro refugio, donde cada uno intentaba reencontrarse con ella, -la madre y la esposa ausente-. Los libros nos recibían como viejos amigos, como si también ellos, al hojearlos, quisieran hablar con ella. Me vienen al pensamiento las horas que pasamos juntos leyendo, tú con ella a Dumas, yo contigo a Verne y los tres juntos a Twain. ¿Cómo me faltó tiempo para seguir leyendo a su lado?, pero ese espacio tú lo supliste a la perfección, no sé si lo hacías para mitigar tu duelo, o por cumplir un ritual creado por nosotros, pero lo que sí sé, es el amor que me seguiste fomentando por la lectura. -Cuando quieras hablar con tu madre, búscala en algún libro-, me decías en los momentos más angustiosos y dolorosos por los que pasábamos, yo me refugiaba en ellos, haciéndote caso y tú lo mismo hacías, nos perdíamos leyendo, intentando cada quien en su dédalo desvanecer su ausencia. Así vivimos por un tiempo, hasta que la rutina nos atrapó; yo creciendo y tú envejeciendo y hoy teniéndote en mis brazos, siento tu cuerpo más frágil, ausente ya de la fuerza de antaño, pero deseoso de ser abrazado por el mío. Las lecturas han cambiado, ahora te gusta que yo te lea a Magris cuando tus ojos ya están cansados, sin embargo; discutes y argumentas con la jovialidad de un chico de treinta. Ahora soy yo el que cuido de ti, el que te regaña y el que te aconseja, pero con el mismo amor y cariño con el que tú tuviste conmigo. Muchas veces te juzgué, te reproché y te distancié de mí como si fueras un libro de lectura inconclusa olvidado en el librero, sin embargo, hoy que te tengo en mis brazos, vislumbro con claridad que todo lo hiciste pensando en mi bien, antepusiste todo por mí, incluso tu vida, cuando en aquella ocasión me empujaste hacia la acera para evitar que un coche me atropellara, recibiendo tú el impacto por completo.

Hoy te disfruto más que nunca, la edad nos ha equilibrado. Dejaste de ser el padre con deberes para convertirte en mi amigo, en mi lúdico compañero. A ti padre te dedico estas líneas para honrar el amor que siempre me has tenido.

Juan Francisco Morán Bracamontes

@juanmorbra

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