Claudia Lizaldi

Amamantar: esa bendición, ese regalo…

  • Sabemos tan poco de la lactancia, tan poco de sus efectos y beneficios, creemos tan poco en nosotras mismas que nos ponemos en manos de comentarios ajenos.

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Cuando me acuerdo de los años en los que le di pecho a Iam, mi hijo, lo que viene a mí es una sonrisa: me siento feliz, me siento plena de esa conquista mutua…

Me acuerdo que Laura Cao, mi maravillosa partera, me dijo al día siguiente de que Iam nació, “El pecho es paz”.  Recuerdo también que en ese momento entendía poco lo que me quería decir en realidad; sólo al paso de los años lo entendí, no con la lógica, pero con el alma de lo que ella hablaba….

El pecho es paz. Cuando son muy bebés es una forma definitiva de decirles, sin palabras, “Aquí estoy, aquí estas seguro”. Es el latido de tu corazón, tu olor y tu mirada los que hablan por ti…

Sobra decir que los nutrientes, en conjunto con las bacterias “buenas” que van en tu leche, sólo confirman el hecho de que al tomar tu leche están a salvo.

Fueron pasando los meses… En principio me postulé para un año dando pecho, a los seis meses comencé a mezclar con comida, un poco de agua y todo se fue haciendo más fácil. Pasé el año sin intención mía ni de Iam de terminar con la lactancia, así es que seguí de frente. Para entonces Iam ya compartía la lactancia con otras comidas, con leche de almendra, de arroz, de avena…

¿Era fácil? En nuestro mundo claro que lo era. Valía la pena por su salud. ¡La plenitud y paz de su desarrollo bastaban para defender mi causa!

¿Había que defender mi casusa? ¿Mis ganas, mi certeza? ¡Por supuesto! La pregunta del millón por esos meses era ¿y cuándo le vas a dejar de dar? ¡Lo pienso y aún me río! Y ahora que está tan de moda hablar de lactancia, ahora que todos son expertos tengo que aceptar que más gracia me causa…

Sabemos tan poco de la lactancia, tan poco de sus efectos y beneficios, creemos tan poco en nosotras mismas que nos ponemos en manos de comentarios ajenos. Yo no lo permití. Contra viento y marea me seguí de frente ¡Hasta los tres años! Si, hasta los TRES ¿por qué? Por Iam, así de simple. Él fue mi pauta, él lo dejó, él supo que ya era tiempo. La pregunta de los mil millones: ¿Se me cayeron las tetas? NO. Están idénticas ¡NO! ¿Me importa…? No.

Hay pocas cosas en esta vida por las que puedo felicitarme tanto, como el de haber hecho lo que hice con mi lactancia. Y fue algo simple: escuché a mi alma, a mi sabiduría ancestral, escuché a mi hijo…

Pienso que en esta semana de la lactancia materna todas debemos de reconsiderar el tema, exigir más y mejores espacios para poder celebrar esta parte de la maternidad que es una bendición para nosotras y para nuestros hijos. Creo que podemos recuperar mucho del camino perdido y, con toda el alma, creo que para lograrlo tenemos que volver a creer en nosotras. Y qué mejor regalo podría significar hacerlo para nuestra propia alma que éste, el de volver a creer en nosotras.

Abrazos,

Claudia Lizaldi Mijares
Twitter: @ClaudiaLizaldi

Amando se entiende la gente .

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