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Amabilidad + Generosidad: la fórmula secreta del “vivieron felices para siempre”

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¿Acaso no es esa la relación que muchas personas desean? Aquella donde el amor une a dos seres diferentes entre sí y que, a pesar de las complicaciones o desacuerdos, pueden vivir juntos y enamorados para siempre… Como Allie y Noah. 

Las Chick Flicks, películas caracterizadas por mujeres en sus treinta y a punto de encontrar el amor de su vida, nos han ofrecido la interminable ilusión de que tanto la pasión como el amor sincero pueden sobrevivir el paso del tiempo, que la pareja por quien tanto soñamos es perfecta tal y como es, que es malo separarse de alguien (aún si se trata de la salud emocional y mental de uno), etcétera. 

Son esas las ilusiones con las que el cine nos educó. Prácticamente sólo tres de diez relaciones se mantienen saludables y felices. ¿Y las demás historias de amor? En el caso que nuestras historias de amor terminen en divorcios o separaciones, caemos en un hoyo negro de amargura y disfunción. Quizá hasta nos imaginamos que tenemos mala suerte, que nuestro ex tuvo toda la culpa del fracaso de la relación, que estamos condenados a estar solos, entre otras ideas (casi) irracionales. 

Sin embargo, una vez que empezamos a analizar a profundidad toda la situación relacionada con el amor, entonces caemos en cuenta que… ¡un momento! No todo es como nos lo pintaron. 

John Gottman y su esposa Julie, psicólogos e investigadores, se dedicaron a estudiar el incremento acelerado de los divorcios desde la década de los 70. Su objetivo era descubrir cuál era la “fórmula mágica” para lograr una relación amorosa, duradera y sana. 

Desde 1986, los Gottman, junto con su colega Robert Levenson de la Universidad de Washington, crearon el “Laboratorio del Amor” para ayudar a las personas con problemas en sus relaciones de pareja. Durante seis años, reunieron a un grupo de parejas y les preguntaron acerca de su relación (cómo se conocieron, la frecuencia de los conflictos, los recuerdos positivos…) mientras estaban conectados a unos electrodos. Conforme hablaban, los electrodos calculaban la presión sanguínea, los latidos del corazón y la sudación. 

Descubrieron que las parejas que estaban juntas pero su relación era desastrosa, se mantenían aparentemente tranquilos; sin embargo, los electrodos decían lo contrario: sus ritmos cardiacos aumentaban, las glándulas sudoríparas estaban activas, el flujo sanguíneo estaba acelerado. Fue así que los Gottman descubrieron que mientras más activo esté el cuerpo del individuo, más rápido se deteriora su relación. Es decir, estos individuos mantenían síntomas del estrés “pelear o huir” en sus relaciones de pareja: 

Tener una conversación mientras están sentados junto a su esposa era, para sus cuerpos, como lidiar con un tigre salvaje. Aún si estaban hablando acerca de aspectos mundanos o placenteros, ellos estaban preparados para atacar o ser atacados. Esto se demostró en los bombeos de su corazón, lo que los hacía ser más agresivos uno con el otro. Por ejemplo, cada miembro de la pareja podía hablar acerca de sus días, y el esposo estresado podría contestar: “¿Por qué no empiezas a hablar de tu día? Total, no tomará mucho tiempo.”

Para Gottman, era incomprensible el por qué los “maestros”, aquellos que se sentían tranquilos y conectados entre sí, podían mantener una relación duradera, mientras que las otras personas sólo las languidecían. Los maestros sentían y actuaban genuinamente la calidez hacia su pareja, aún cuando peleaban. En consecuencia, ellos creaban una relación con base en la confianza y la intimidad, convirtiendo la relación en un ambiente cómodo tanto físico como emocional. 

Fue así que descubrió que las personas a quienes nombró como “disfuncionales”, estaban en busca de esa conexión e intimidad de los maestros. A ese momento les llamó bids (ofertas). Cuando un miembro desea que su pareja muestre interés o apoyo, está esperando realmente sentirse conectado (aunque sea por un momento fugaz) con esa persona. Por consiguiente, dependerá de la pareja en responder o huir. 

Estas interacciones de bidding tienen un efecto profundo en la salud de la relación marital. Según Gottman, las parejas que terminan separándose tendieron a huir un 33 por ciento de esos bids; y sólo tres de diez bids conllevaron a una conexión emocional similar a la intimidad de pareja. Mientras que, aquellas parejas que estuvieron juntas durante seis años y tenían un 87 por ciento de acción positiva de bids, tendían a conocer y suplir las necesidades emocionales de la persona amada. 

¿Es entonces que la amabilidad y la generosidad son las claves de una relación sana? De acuerdo con el investigador, sí: 

Hay un un hábito mental que los maestros ponen en práctica, el cual es: tomar nota del ambiente social de las cosas que tanto sus parejas como ellos mismos aprecian y se sienten agradecidos. En pocas palabras, ellos construyen esta cultura de respeto y apreciación de una manera propositiva. Mientras que las personas disfuncionales toman en consideración el ambiente social de los errores de sus parejas. No es sólo de tomar en consideración el ambiente, es comprender a la pareja por lo que ella está haciendo correctamente; es decir, en vez de observarla por aquello que está haciendo mal y criticarla, es respetarla y expresar apreciación. 

Las personas que se enfocan en criticar a sus parejas dejan a un lado el 50 por ciento de sus aspectos positivos, además que ven más cosas negativas (que pueden ni siquiera existir). Por ello, la amabilidad mantiene unidas a las parejas: “es el vaticinador más importante de la satisfacción y estabilidad en la relación amorosa. La amabilidad hace que cada miembro se sienta importante, comprendido, validado, amado.”

Hay dos modos de ver a la amabilidad: como un hecho ya dado donde se tiene o no se tiene; mientras que, del otro lado, verlo como un músculo que puede volverse cada vez más fuerte al ejercitarlo. Para los especialistas, estudiosos y expertos, consideran a la amabilidad un músculo que requiere un trabajo pesado de mantenimiento; sin embargo que, a la larga, valdrá la pena. 

“Si tu pareja expresa una necesidad, y tú estás cansadx, estresadx o distraídx, entonces el espíritu generoso llegará cuando uno de los miembros haga un bid y puedas dirigirte hacia tu pareja.” Julie Gottman. De lo contrario, la negligencia creará distancia y resentimiento entre ambos miembros: “La amabilidad no significa que no expresemos nuestro enojo, pero informar acerca de cómo escogemos expresar ese enojo. Puedes lanzar palabras hirientes a tu pareja, o puedes explicar por qué estás lastimado y molesto, ese es el camino amable.”  

En conclusión, los Gottman explican que si uno quiere una relación de pareja estable y saludable, es importante ejercitar la amabilidad lo más pronto y constante posible. Puede tratarse de pequeños actos de generosidad (como regalos o palabras de aliento y apoyo) generarán una intimidad e interacción en el día a día. Sólo hay que tener cuidado a la hora de (mal)interpretar las acciones e intenciones de nuestra pareja, ya que podemos alejarnos de ellos en vez de intimar con ella. 

Hay cientos de razones por las cuales las relaciones de pareja fallan, pero si observamos las posibles causas, muchas se enfocan en la falta de amabilidad y malinterpretación. Por ello, para evitar que suceda eso con el paso del tiempo, las parejas necesitan trabajar constantemente en sus relaciones y así vivir “felices para siempre”. 

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