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La importante diferencia entre autismo e introversión infantil

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Hay ocasiones en que un niño puede repetir frecuentemente palabras o no hablar por completo, adquirir una rutina, evadir contacto visual con las demás personas, sufrir de dolores ante ciertos estímulos, desconocer a la empatía o asertividad. Cuando esa es la realidad en el día a día de nuestros hijos, los doctores lo consideran como autismo spectrum, un trastorno del desarrollo que afecta las habilidad sociales y verbales del individuo.

En los últimos diez años, los diagnósticos de este trastorno ha aumentado en un 78 por ciento; en especial en niños en preescolar y jardín de niños. De cierto modo, al categorizar este tipo de conductas en ese cuadro médico, ¿qué tanto estamos recuadrándolo en un desorden en vez de comprenderlo a profundidad? 

De acuerdo con Enrico Gnaulati, psicólogo clínico, explica que se ha llegado a confundir entre el desorden de autismo con una conducta enfocada en el estudio, en vez de socializar con otros: “La imagen se complica aún más durante los primeros años de infancia, cuando las afirmaciones crudas y normales de la voluntad, de los berrinches y las lacunas del dominio verbal durante periodos emocionales, todos están balancéandose.”

A pesar de los esfuerzos por comprender este tipo de trastornos, aún hay lapsos vacíos que nos ayuden a definir las causas o las curas. Situación que empeora al diagnosticar erróneamente a un niño introvertido, quien se siente mucho más cómodo al alejarse de los demás para estudiar todo tipo de situaciones; que prefiera cierto tipo de comida en vez de la que los padres le dan; que haga berrinches por no alcanzar sus deseos (y no por que cierto estímulo acústico le lastima los oídos); que se emocione de sobremanera por sus ideas o su necesidad de control. 

Es necesario comprender que el verdadero autismo es una condición en potencia que inhabilita a un individuo a nivel neurológico: que no tiene las herramientas para dialogar o socializar, que su tolerancia a la sensibilidad es frágil, que tiene verdaderas dificultades para comunicarse. Estos síntomas son bastante claros, por lo que su detección e intervención temprana son indispensables para reforzar sus habilidades sociales y de comunicación, ya que “el cerebro es muchísimo más maleable cuando los niños son jóvenes.”

Sin embargo, una evaluación muy temprana puede desencadenar un alto riesgo en un diagnóstico erróneo: “Muchos niños parecen tener síntomas de autismo cuando están estresados. En ocasiones, los procedimientos que usan los expertos para evaluar a los niños pueden generar cierto nivel de estrés que conlleva a una batalla.”

Para ello, debemos observar atentamente al niño: ¿es capaz de mantener el contacto visual, elaborar frases, compartir reacciones emocionales, e incluso tiene sentido del humor? Estas condiciones se seguridad y de sensibilidad interactiva son esenciales para determinar el estado verdadero del niño.

Como padres, es importante comprobar este tipo de reacciones en nuestros hijos. Por el otro lado, en caso que los niños tiendan a desarrollar conductas introvertidas e intelectuales, lo recomendable es reforzar sus habilidades intelectuales, sociales, emocionales y físicas (así como la comprensión de los límites), ya que son perfeccionistas. En el último caso, regula su necesidad de autonomía y control. 

Pero ojo, los bebés entre uno y tres años con posible autismo, no miran cuando se les llama por su nombre, no miran de manera directa a los ojos, no notan cuando entras o sales de la recámara, parecen estar en su propio mundo, no logran metas sencillas, tienden a hacer muchos berrinches, prefieren jugar a solas, y siempre quieren estar agarrando un objeto (aún si no juega con él). 

 

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