Experiencias, Familia, Ser Padres

¿Cuáles son los estereotipos de género que le transmites a tus hijos?

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Desde que nacemos, nuestra vida se encuentra limitada por la cultura en la que nos desarrollamos. Es decir que crecemos con las bases que nuestro medio ambiente está acostumbrado y percibe como aceptables, estos son los estereotipos. En ocasiones, aunque sean culturalmente bienvenidas, esas conductas no representan realmente un bienestar físico ni emocional para las personas que las practican. 

Por ejemplo, en algunos lugares de una cultura patriarcal, es completamente aceptable que las niñas sean castradas, mutiladas o sometidas; en otros, los chicos que entran a una edad adolescente deben practicar sexo oral a sus mayores como símbolo de su adultez; hay lugares donde se espera que una mujer se empodere a cierto nivel sin que supere a la autoridad del hombre; e incluso, donde la violación a la mujer es una cuestión de honor entre arreglos masculinos. 

Estas costumbres, posiblemente ajenas, se enfocan en establecer la dominación a distintos niveles de las personas: desde la manera de percibir una familia regular, los estereotipos de conducta y de personalidad, hasta la educación a futuras generaciones.

Y sin darnos cuenta, nosotros mismos también somos parte de la perpetuación de costumbres que refuerzan la inequidad de género, la discriminación, la violencia en todas sus modalidades, entre otros. Y hablo de “nosotros” los que somos padres, los que somos madres, los que somos maestros, los que somos abuelos, los que “somos” todo, porque al tolerar la intolerancia nos volvemos parte del problema. 

En tu casa, en un día ordinario, ¿Quién se hace cargo de los quehaceres domésticos?, ¿Quién se hace cargo del cuidado de los hijos?, ¿Quién participa en el ingreso económico?, vamos a mas detalle:  por ejemplo, ¿Quién se encarga de poner la mesa y de levantar los platos sucios, lavar la ropa, hacer las compras, pagar deudas…?

Muchas familias cuentan con la costumbre, casi inconsciente, donde las mujeres (niñas, adolescentes o adultas) se encargan del quehacer del hogar, mientras que los hombres (niños, adolescentes o adultos) se les mantiene “desatendidos” de estas actividades. 

Esta situación, por más insignificante que parezca, habla muchísimo de la atmósfera cultural en la que se vive. Puede tratarse de una estabilidad de dominio de género a través de detalles como dando prioridad a los hombres durante las charlas (interrumpiendo constantemente el discurso de una mujer), enfatizando los estereotipos masculinos y femeninos de las reacciones emocionales o conductuales de nuestros hijos; los cuales pueden afectar en su vida profesional, interpersonal e intrapersonal. 

De modo que, estos comportamientos, el de interrumpir o el dejar que las mujeres hagan todo en el hogar, son el resultado de una diferencia de estatus y de género. Por ejemplo, en el mundo laboral, ¿Has notado cuál es la credibilidad o el respeto que gana una mujer frente a sus subordinados?

Esta preferencia hacia el comportamiento masculino es apoyado, en su mayoría, por ambos sexos: tanto por hombres como por mujeres. Situación que es independiente de la competencia del individuo a quien se discrimina o apoya. Y en muchas ocasiones se debe a la repetición de patrones familiares, de los cuales casi nunca estuvimos conscientes: 

Si una niña o mujer tiene rasgos de liderazgo, se le llamará “mandona”, “malhumorada”, “amargada”, etcétera; si un niño u hombre cuenta con los mismos rasgos, se le puede considerar “exitoso”, “varonil”, “deseable”. Es más, su argumento tendrá mucha más credibilidad y autoridad que el de la mujer (aún si es el mismo). Los investigadores concluyen que no es lo mismo tener un lugar en la mesa directiva que tener una voz a la que se le escuche. 

Lo importante es tomar consciencia de este tipo de costumbres y, con pequeños cambios, dirigir nuestra cultura hacia otra dirección. Por ejemplo, sólo para empezar, ¿Qué pasaría si esta vez dejaras que tu pareja (en caso de ser hombre) levantara los platos, entre otras actividades domésticas; si dejáramos de juzgar a la mujer que se encuentra junto a nosotras por la manera de vestirse y verla como una mujer intentando empoderarse; si cultiváramos la equidad, la asertividad y la empatía en nuestros hijos a través del diálogo; si escucháramos más atentamente a las mujeres de nuestro alrededor; si incentiváramos a los niños a hablar más de sus puntos de vista, sus vivencias y sus emociones; si apoyáramos a nuestros hijos en sus pasiones, aún si no son lo que “se espera” (si es niña, que le guste el futbol; si es niño, que le guste cocinar); si tomáramos consciencia del sexismo que los medios (revistas, televisión, internet, anuncios) exponen a diario?

Dejemos de asignar género a las cosas, a los juguetes, a los colores, a las ocupaciones y actividades,  a los libros, no hay tal cosa como que sean “de niños” o “de niñas”, los colores, los juguetes, los disfraces, no tienen género, nosotros, nuestra cultura, la male educación, esa que discrimina, que segrega, eso es lo que le ha asignado género a las cosas. Llorar no es de mujeres, tampoco lo es ser débil, o amorosa, ser violento, agresivo, fuerte no es de hombres… todo es de seres humanos que somos todos y los niños, las nuevas generaciones necesitan vivirlo y entenderlo. Vivir la inclusión, dejar de discrimar, vivir en el amor que se mueve desde la empatía, desde la solidaridad.

Lo triste, lo realmente indignante es comprobar como aún, en los tiempos que vivimos, donde la modernidad está en todos lados, en donde la información está a un click de distancia…, aún prevalece la intolerancia, la segregación, los pretextos en nombre de la religión, de la protección, para “cuidar lo normal”… hablemos las cosas como son, el mundo no necesita mas violencia, necesita mas amor, mas paz, mas tolerancia y como siempre, empieza en casa… ¿Cuáles son los estereotipos de género que le transmites a tus hijos?

La vida es amplia, diversa, multicolor y vale la pena vivirla así.

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