Crianza, Familia

14 maneras para dejar de gritarle a tus hijos

  • Todos queremos lo mejor para nuestros hijos y eso incluye las mas de las veces no gritar, al menos yo, en mi visión hipotética de cuando me convirtiera en madre… no incluía que yo fuera una madre gritona (y lo he sido).

gritarle a tus hijos

Somos madres y en el camino gritamos… si acaso el refrán no va así, la mayoría de los padres (mamás y papás) gritamos en algún momento cuando criamos-cuidamos-descuidamos a nuestros hijos y la verdad sea dicha… no siempre es un grito justificado.

Lo que es común en la parentalidad es que todos queremos lo mejor para nuestros hijos y eso incluye las mas de las veces no gritar, al menos yo, en mi visión hipotética de cuando me convirtiera en madre… no incluía que yo fuera una madre gritona (y lo he sido).

Ahora, si nos planteamos genuinamente cambiar nuestra manera de educar, criar, acompañar a nuestros hijos… quizá podemos incluirlo como un propósito de año nuevo y re-plantearnos la posibilidad de mejorar nuestra manera de hacerlo y por ejemplo: dejar de gritar y luego cómo hacemos para mantenerlo de manera efectiva en el tiempo…

Te compartimos una lista de recomendaciones para no gritar (o gritar menos)…

1. Programa un grito a la vez. Si te has levantado con el pie izquierdo o si has tenido un día difícil de verdad grita, date o regálate ese grito personal (afuera, en la cochera, contra la almohada, encerrada en la alacena) y ponle la intención de soltar la tensión y sentir alivio luego de haber gritado siempre que no arremetas contra los que amas, grita si, pero no a ellos.

2. Cuida de ti. Dale prioridad a tus horas de sueño, al ejercicio, date tiempo para ti, conecta con alguna amiga(o) de manera que estés en un mejor lugar para analizar las situaciones personales que te hacen gritar (como cansancio, enojo, hambre; sentirte rebasada o porque sientes emociones fuertes), a veces ser madre (o padre) es solitario, la verdad es que hay soledad, no permitas que te gane.

3. Pega notas (recordatorios). Pega notas positivas alrededor tuyo de lo que te gusta y disfrutas de ser mamá, pon fotos con tus hijos cerca, en donde te sientas y te veas genuinamente feliz, ser padre o madre no es tarea sencilla, los recordatorios de lo que amamos ayudan… Cuando tengas momentos de paz y de calma habla con tus hijos de sus historias de nacimiento o de anécdotas que los hayan hecho pasar buenos momentos en el pasado.

4. Ríe, habla y abraza mucho a tus hijos, acurrúcate con ellos cada vez que puedas. El contacto físico conecta y hace que disfrutemos la compañía del otro, todo mejora cuando conectamos. ¡De verdad! hasta hacer cosquillas sirve y sirve mucho, los momentos positivos cosechan actitudes positivas.

5. Ten a la vista fotos de tus hijos recién nacidos. Las fotos de ese tiempo son un feliz recordatorio de que tan frágiles y pequeños fueron nuestros hijos y de que tan grandes son ahora y permite poner en contexto los logros alcanzados cuando la hora de la siesta es un caos o cuando pide 10 vasos con agua por la noche. Harás consciencia de que todo pasa y de que crecen muy rápido.

6. Mueve el cuerpo no la boca. Si sientes que estás por estallar enfócate en hacer una actividad física súbita: planchas, sentadillas, subir bajar escaleras, te ayudará a bajar la irritabilidad y a desahogar emociones y los niños observan, a veces imitan y todo acaba en risa y no en gritos. También puedes intentar ir en sentido contrario a lo que sientes: bajar la voz, respirar suave, hacer estiramientos, una o dos posturas de yoga y recuperar la calma.

7. Aspira, barre, sacude… terapia ocupacional, no dejes que tus pensamientos te rebasen, saca provecho del tiempo: organiza tu casa, cajones, alacena, etc., ocupar la mente también permite un estado meditativo que no deja espacio para el ocio y los pensamientos negativos que nos consumen.

8. Enfócate en lo positivo.  Que el famoso “tiempo fuera” sea para tí, salte de la situación problemática por unos momentos (quizá solo segundos), piensa en algo muy positivo de tu hijo o hija y dilo en tu mente, luego al niño, lo que sí te gusta, lo que sí le celebras. Si no lo logras repite algo en tu cabeza: “No voy a gritarte, los gritos no resuelven nada”.

9. Di “te amo, te amo, te amo”.  Es como una fórmula mágica para dejar de gritar, el amor contraresta la ira.  

10. Mójate la cara con agua fresca o toma agua fría.  Gritar genera situaciones de círculo vicioso en las emociones: me irrito, luego siento enojo, luego se acumula, luego grito, luego me da alivio, luego grito mas… etc., el agua fresca, fría, caliente, distrae la mente, la saca de la emoción, los neuro-termo-receptores reaccionan al cambio de temperatura y la emoción pierde potencia. Si vas en el auto baja el vidrio, deja que el viento te de en la cara… ¡Inténtalo! 

11. Ponle perspectiva. Se lee irónico pero hay que agradecer, agradecer sin límite, cada enojo, cada berrinche, cada error como padres porque cada uno tiene una profunda enseñanza. “Agradezco que mi hijo haya tirado la leche, significa que está intentando ser autosuficiente al servirla…”

12. Escribe tus emociones: no será fácil, pero en lugar de gritar escribe lo que ibas a gritar, guárdalo y después dale lectura en calma, verás que no es agradable pensar que los tuyos, los mas amados se iban a llevar en su mente y corazón una descarga tan fea de emociones y palabras, te dará noción para controlar tu temperamento.

13. Apachurra algo. Una almohada, un cojín, un peluche… la toalla del baño, la masa de Play-Doh, saca la presión apretando las manos, ayuda bastante.

14. Siendo honesta, a veces es necesario gritar. Si lo es, entonces hazlo de manera primitiva sin palabras incluidas, un grito básico. Gritar da alivio, pero no es lo mismo gritar como desahogo que gritar para herir los sentimientos de alguien mas. 

15. Si has gritado no seas tan dura contigo. Somos humanos y podemos perder el control y equivocarnos y cuando cometemos errores somos nuestros jueces mas duros, tratemos de ser mas relajados, para criar, para no gritar y para que si sucede, también podamos superarlo y cambiar.  Y si pierdes el control y gritas con todo y palabras pues ofrece disculpas, pero no dejes de hacerlo.

Gritar a veces es necesario, a veces la situación amerita hacerlo, a veces no podemos controlarlo o no queremos hacerlo y también está bien, porque somos personas y sentimos y sentimos mucho, y ser mamá o ser papá lleva una carga que a veces cansa, entonces si eso sucede y gritamos también saquemos lo positivo de la experiencia: vamos explicando a los hijos nuestra emociones, vamos validando lo que sentimos y la razón detrás del grito y eso nos hará ver mas reales frente a ellos, y también les hará saber que es normal expresar las emociones.

Vamos con todo, al menos iniciemos con el buen propósito de gritar cada vez menos. 

Abrazo

@KarlaDoula

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